Las segundas partes.

Ni buenas, ni malas

 

Las relaciones personales no son una matemática exacta, donde el error se desactiva solo con la propuesta de perdón. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, otra cuestión es la causa de mi falta de acierto. No se trata de estar haciendo constantemente exámenes sobre lo que siento o debo hacer para satisfacer. Se trata de la edificación personal, del proyecto de vida que tengo.

Cuando perdemos la sintonía, donde todo parece ser una escalada constante, e incluso la realidad se vuelve áspera… algo no previsto está haciendo su trabajo. La filosofía de la sospecha no es la respuesta a los desajustes interiores. La culpa se presenta como la candidata ideal, aunque suele ser la coartada del autoengaño. Madurar, crecer supone hacer camino y el acomodo, o “zona de confort”, se convierten en una seducción limitante.

Las segundas oportunidades, en las relaciones, no son coherentes si no hay un camino sostenible, es decir, si no hay criterios comunes que superen el distanciamiento. La compatibilidad es fundamental para superar cualquier situación no deseada. Infidelidad, falta de afecto, apatía, desorden, violencias… indicadores que nos advierten de que algo necesita renovarse o finalizar. Quedarse inmóvil supone ser cómplice de una circunstancia indeseable.

 

Atrévete a salir.

 

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