No sin mi madre

Avanzar no significa olvidar.

Pensamos que debemos liberarnos de innumerables ataduras, del jefe de la tribu que siempre nos amenaza. Identificamos la dificultad fuera cuando realmente acontece dentro. Sufrimos por la falta de consciencia, por la negación de la realidad del otro.

Cuando experimentamos la pérdida de una madre, el mundo se derrumba, ya nada vuelve a ser como antes. Sabemos que nadie es inmortal, que la naturaleza debe seguir su curso, pero nuestra mente nos informa de lo contrario. La pérdida de seguridad se convierte en una tragedia, hecho que asociamos al ser querido.

La cuestión no se centra en ser inmunes, sino en hacer camino a través de nuestras decisiones. Es el proceso vital que traspasa la frontera de nuestro cuerpo y nuestra mente. El drama no deja de ser una construcción social de cómo debemos significar ciertos momentos. La felicidad no es un premio circunstancial, es una forma de vida.

Despedir no significa decir adiós, simplemente hacer camino sabiendo que formas parte de mi existencia.

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