Palabras

Ruido, solo ruido.

La vida está llena de proyectos, sueños donde eres la protagonista. Quién no ha deseado la pareja perfecta, el trabajo ideal, las hijas adecuadas. Un espacio donde sentirse realizada/o. La imaginación es un lugar muy amplio, sin límites. La realidad es otra cosa. “El único deber con la historia es reescribirla,” al menos eso citaría Oscar Wilde. La sensación del Ángel Caído se produce cuando nada ocurre como habías pensado. Nadie escribe un drama para sus páginas, de ahí lo inesperado. La incertidumbre del último acto siempre evita que abandonemos la obra. Hemos visto demasiados finales.

Eso a mí no me va a pasar, gritamos sin descanso. El ego no siempre aconseja, es fácil tropezar en algunos labios. El poder de las palabras traspasa fronteras, el tú suele ser desgarrador. No sabemos lo que pasa, hacemos truco, el acierto no importa, ya hemos clasificado. Todo “pre”, por favor, me canso de seguir, no tengo tiempo. ¿Dónde se encenderá la luz? Es la ignorancia, compremos otra cosa.

La personalidad es original, creativa, disfraza lo que ya sabes. Invisibles deberían ser los miedos, lo he meditado, pero el olvido asegura lo importante. Me caigo, me agobio, el estrés se ha cebado en mí, ya soy víctima. He ganado, soy uno más, me puedo sentir seguro. No importa el diseño, el amor es cosa de poetas, la quietud me abruma. Abandona, estás a tiempo, fíate de ti, ¿aunque no le conozca? Sigues pensando, mal.

 

Ruido, solo ruido.

 

Juan José González-Albo

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