Sufrir en Silencio, Sufrir en Soledad

Sin ayuda el sufrimiento nos puede incapacitar.

El dolor es una respuesta natural, una alarma de nuestro organismo. Si tengo un accidente, y me ocasiona una herida, me duele. El sufrimiento es como doy significado a esa situación. Cada cultura genera una serie de interpretaciones ante hechos concretos. Un ejemplo lo tenemos en la despedida de un ser querido. En algunos lugares se invita a un ágape, mientras que en otros se desarrollan rituales diferentes.

En el sufrimiento siempre hay una elección. Si hemos tenido mala suerte al tropezar, y nos genera una lesión, además del dolor, pensaremos en cómo me va afectar. Es ahí donde comienza la elaboración mental. La construcción de mi nueva realidad, a partir de mi dolor, dependerá de mi posicionamiento. No es lo mismo sentirse víctima por un instante que victimizarse constantemente. El aprendizaje se produce cuando a pesar de lo que nos sucede descubrimos que lamentarse no tiene ningún sentido, no va a solucionar mi situación. Debes buscar las herramientas para sanar tu cuerpo –ir al hospital- y superar tu dramatismo.

Los temas personales -lo que me afecta en el plano de las emociones- se suelen gestionar contándoselo a una amiga o sufriendo en silencio. Pensamos que es la mejor forma, la que nos han enseñado. Es cierto que se tiene la potestad de hacer lo que se crea conveniente, pero qué consecuencias tiene. Cuando necesitamos desahogarnos, y elegimos mal a la persona, los efectos son muy graves. Se suele desarrollar una pérdida de confianza en los demás, “¡me han traicionado!”. Si decidimos vivir la situación en soledad puede generar un desequilibrio muy importante, afectando a todo lo que hago habitualmente. El estado de ánimo es un buen reflejo de cómo nos encontramos.

Pedir ayuda es de blandos, perdidos, locos… es lo que el imaginario social proyecta. Este hecho nos condiciona mucho más de lo que pensamos a la hora de afrontar una situación no deseada. Nos sentimos perdidos y desorientados, no sabemos dónde acudir. Es llamativa esta situación si tenemos en cuenta la cantidad de servicios que existen a nuestra disposición.

Sufrir es una consecuencia del dolor. Puedes decidir sobre cómo voy a vivir esa experiencia. No te generes una nueva lesión, la voluntad de solucionarlo en silencio es muy arriesgada. Debes buscar a un profesional que conectes con él para apoyarte sin complejos.

La soledad no deseada nunca es buena consejera.

 

Juan José González-Albo

 

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