¡Tú la llevas!

Cómo puedo saber si soy pobre.

La descripción de pobreza contiene harapos, hedor y una estancia improvisada. La aporofobia -odio hacia los pobres- es silenciada, no interesa visualizar las carencias. El discurso se sustenta desde el juicio lapidario, ellos/as se lo han buscado. Voluntario es quien acusa, con toda clase de violencias, y no repara. En la mochila entra una casa, los recuerdos de vida y hasta la burocracia que legitima. ¡Imaginaos qué espacio tan grande! Eres culpable de no haber sabido mantener el ritmo, diría el oportunista con sonrisa burlona. Una moneda se lanza al viento sin una pretendida dirección, tú la llevas, diría la inocencia de un niño, los mayores hacemos otra cosa.

Recuerdo un caso donde una familia, de clase media, pidió la intervención para ingresar en una residencia de mayores. Era sábado y el lunes daban el Alta Médica, en un Hospital, a uno de sus padres. Los Servicios Sociales estaban cerrados, no había guardias. La persona, traspasada por el dolor, no entendía que nadie le asistiera. Se le preguntó si se había implicado en alguna manifestación a favor de la proliferación de recursos sociales. -No, pensaba que eran para pobres. Las personas no nacemos pobres, el sistema de reparto decide quién lo es. Los Servicios Sociales son para personas y en esa lista está usted.

Existen tantas clases de menesterosos que solo la economía es capaz de disfrazar un listado interminable. Para qué engañarse, es mejor que le pase al otro. Hay miedo, coacción que mueve la noria. Sedienta se queda una lágrima al querer y no poder. Sigo caminando, sigo tejiendo sin sentido, mi vecino también lo hace.

Quita el obstáculo, mañana puede ser el tropiezo la causa de tus heridas.

 

Juan José González-Albo

 

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